pianista, compositor & conferenciant

¡Esta canción es bestial!

por Antoni Tolmos.

Eran la seis de la mañana de un día de julio del año 90. Tenía casi veinte años y justo hacía un par de horas que había finalizado la actuación con el grupo de versiones en donde tocaba la guitarra. Me senté en la furgoneta esperando que el resto del grupo fuera llegando para poder regresar a casa cuanto antes. De forma inevitable y con la cabeza apoyada en una ventana empecé a quedarme dormido en esa primera fase del sueño en donde aun puedes responder de forma consciente a estímulos externos. Volví a la realidad al cabo de unos minutos cuando uno de mis compañeros hizo sonar en la radio de la furgoneta Stand by me de Ben E. King, que ya era un clásico en ese momento. Abrí los ojos y dije: “Esta canción es bestial”. He recordado ese momento durante toda mi vida. Con los años he ido encuadrando aquel hecho con diferentes enfoques. Porque ¿era realmente bestial aquella canción?

La canción Stand by me es seguramente una de las mayores obras del arte musical que cumple a la perfección la fórmula de lo que debe tener una buena canción. Según los parámetros establecidos por, entre otros, el gran Joaquín Sabina, al que se le preguntó por ello en una ocasión, para hacer una buena canción solo se necesita una buena letra, una buena melodía, unos buenos acordes y algo más que nadie sabe lo que es y que es precisamente lo más importante. En una canción ese algo es lo que la hace bestial.

“¿era realmente bestial aquella canción?”

A menudo cuando explico a mis estudiantes universitarios cómo podemos entender lo que significa ese algo en una canción les hago la comparación con el enamoramiento. Cuando alguna amiga te explica que se ha enamorado perdidamente de otra persona a la que no conoces y en un intento de saber ¿Y cómo es él? -aludiendo a esa canción de José Luis Perales- puedes hacerle preguntas del tipo: “¿Es simpático? ¿Es guapo? ¿Compartes aficiones?…” Se puede dar fácilmente el caso de que aquella persona resulte poco simpática, no demasiado guapo y además con gustos y aficiones totalmente diferentes a nuestra amiga. Con lo cual nos queda una última pregunta determinante: “Y entonces ¿por qué te gusta?” Y en la respuesta está el quid de la cuestión: Porque tiene algo.

Las canciones que tienen ese algo triunfan por encima de las otras. Como tienen éxito también las personas que poseen algo especial, diferente. Los gitanos a ese algo le llaman tener duende. A menudo también se habla de tener magia, química, feeling o incluso poseer el factor x. Yo le llamo tener alma. Por tanto, es probable que el adjetivo bestial que yo usé fuera debido a que en ese instante estaba escuchando una canción con alma, una canción maravillosa.

“se habla de tener magia, química, feeling o incluso poseer el factor x. Yo le llamo tener alma”

Analicemos ahora el momento cuando, medio somnoliento, dije: “Esta canción es bestial”. Sin duda, en aquella situación mi cerebro liberó dopamina, una sustancia química que generamos cuando estamos sintiendo placer. Me sentía bien, seguramente satisfecho por el concierto y feliz a pesar del cansancio. Hacía ya varios años que pisaba los escenarios del país tocando los teclados pero sobre todo la guitarra eléctrica con la que disfrutaba cerrando el concierto con el solo del tema Purple Rain de Prince. Los músicos de mi grupo eran también mis amigos con los que compartía risas, mesas y música, sobre todo mucha música. Es decir, sí, Stand by me era genial, pero quizás lo genial era en realidad aquel momento de mi vida. Podría haber dicho en aquel momento “La vida es bestial” y mi cerebro hubiera gestionado esa situación de igual forma que cuando dije “Esta canción es bestial”.

“quizás lo genial era en realidad aquel momento de mi vida”

Lo más curioso es que en aquella mañana del año 90 no imaginaba que la verdadera fuerza de ese momento la reviviría cada vez que años más tarde recordara mis tiempos de juventud tocando canciones como La chica de ayer de Nacha Pop, Déjame de Los Secretos o Cadillac solitario de Loquillo y los Trogloditas, entre otras. En definitiva, la música de mi vida.  Y es que la música tiene ese infinito poder de transportarnos en el tiempo, de hacernos recordar, revivir y volver a sentir situaciones pasadas, personas y lugares.

Lo realmente bestial de aquel momento es poder recordarlo ahora.

 

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Antoni Tolmos es concertista, conferenciante y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación.

www.antonitolmos.com/es

 

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